LeVeronique
Y que ojalá sonrías
y no te culpes
ni te castigues:
tú cambias vidas,
pero no destinos.
Elvira Sastre (via jcreest)
[…] En resumen, defines mis intenciones con la poesía. Quiero conjugar contigo todos los verbos que acaben en arte.
Elvira Sastre (via jazzyzoe)

dontworrybezombie:

Quererte fue como apostar
al riesgo más alto
con todos los ases sobre la mesa
y las mangas vacías,
cruzar la carretera
con el semáforo en rojo
y los ojos cerrados,
escribir poemas
que nunca saldrán a la luz.

Fuiste un día de invierno
sin abrigo,
una alarma
que no volvió a sonar
después de…

Te quise poco y mal. Me enamoré de noche; ya era tarde y nadie lo vio. Tampoco tú. Te abandoné en una guerra que no quise vencer, aunque yo pegara el primer disparo. Me escondí en otras manos, dejé que otros cielos me llovieran y nunca fui a buscarte a ese aeropuerto en el que descansaban tus alas cada vez que no te cogía el teléfono. Y te cansaste, como se cansan las flores en invierno. Y te apagaste, como se apaga todo cuando cierras los ojos. Te fuiste y contigo cambió el calendario: las semanas se convirtieron en números sin ti, los días se volvieron ceniceros llenos de rutina, las noches ya solo eran eso, noches. Tu silencio se convirtió en mi ruido, comencé a dormir por las tardes -tengo el sueño confundido desde que no lo besas-, me acosté con el insomnio -soñarte no te hace justicia-. Huí de ti como si eso significara huir de mí. Perdóname, es este pavor que le tengo a mis monstruos. Discúlpame, creo que el problema es que no sé luchar contra ellos con una sola mano, así que tuve que soltar la tuya para que me volvieran a derrotar, pero esta vez sin excusas. Ahora me queda un plato vacío sobre la mesa, una cama tan bien hecha que da miedo, unas bragas de encaje con la etiqueta puesta al fondo del cajón, un teléfono que se apaga antes de llegar a la última cifra de tu número, una habitación llena de besos que se acaban, unas manos que se secan cada vez que llueve y no vuelves, un puñado de mensajes en la carpeta de borradores y varios poemas que no quiero terminar para que no te acabes tú con ellos. Te echo tantísimo de menos. Pero es precioso llorarte, lo juro.
Día uno sin ti: el tiempo va tan lento que en mi reloj aún es ayer - Elvira Sastre (via choco-crispy)
cefalohematoma:

Creo que es la mera meritita verdá

cefalohematoma:

Creo que es la mera meritita verdá

Hoy he vuelto
al mismo sitio
de siempre por primera vez.
Ha sido como tener un espejo delante
y dirigir la vista hacia tus ojos:
un atajo.

Hoy he visto a una chica escoger una flor
entre un puñado de colores
y me ha parecido un motivo de sobra para querer ser alguien mejor.
Te he imaginado a ti dentro de mis pulmones
eligiendo qué suspiro provocarme hoy,
y de nuevo he sido yo por un instante.
Después he vuelto a casa
mientras pensaba en cómo piensas,
en aquel lunar
que apagaba la luz de mi cuarto cuando lo
pulsaba,
en qué harás los domingos por la mañana sin mí,
en si aún te hará feliz madrugar
para comprar tu pan favorito.

A veces hacemos complicado lo sencillo
por el simple hecho
de que alguien venga a resolvernos la
ecuación,
pero la vida no es una ciencia exacta:
yo me aprendo tus palabras
y me basta con un piano para querer volver a verte;
tú me enseñas que el silencio también forma
parte de la melodía
y me rimas las caderas con tus manos
mientras te vas.
Ser sencillo no implica ser fácil, significa saber.
Y tú sabes a pan recién hecho un día como hoy.

Que aún me guste enredarme en mis enredos
por el simple hecho
de alimentar al león que es mi tristeza para que no despierte rabioso de hambre
me parece algo tierno.

Que la vida siga siendo
después de tanto tiempo
un asunto tan bonito de resolver
como los dedos de mi madre curándome el
pelo
no deja de sorprenderme.

Que tus ojos miren a los míos hechos
viceversa
cada momento
como si en este comenzara la primavera,
en aquel viéramos el mar
o en ese nos besáramos como primerizas la una de la
otra me resulta justo.

Que ambas sigamos
en el mismo punto que nos lleve a huir o a
quedarnos,
a igual distancia -la mínima- la una de la otra,
en el día exacto para querernos,
es, sin duda,
un regalo.

Cierra los ojos,
tengo en la boca varios secretos esperando como besos,
con la misma impaciencia, con la misma pausa:

Cuando me encuentro me dedico a escribirte poemas veloces que lleguen a tu almohada antes que yo:
nunca los leas, mi hueco de tu cama intacto es mi prisa.

Cuando no estás solo te quiero lo que dura una canción,
cuando no estás lo único que quiero de ti soy yo.

Mis miedos son balas de fogueo,
no son más que pesares quebrantables,
pero en ocasiones me descubro tan llena que ansío el vacío,
y eso me aterra.
Sin embargo,
un día escribiste tu nombre al final de todos mis puntos y desde entonces recibo a las pesadillas con cariño.

Te he mirado lo suficiente como para no tener sueño,
te he mirado tan poco que aún me quedan mil sueños por cumplir.

No quiero llegar a conocerte nunca para poder seguir viajando sobre tu cuerpo
con la nada en el bolsillo
y la bandera de pirata entre los dientes. No quiero llegar a conocerte nunca para que nunca te acabes.

No aspiro a pasar el resto de mi vida contigo,
lo que yo quiero es alcanzar la inmortalidad corazón sobre corazón.

Sigo llevando un calcetín de cada color para que sonrías al desnudarme.
Sigo sonriendo al desnudarte porque todavía tiemblas ante mi torpeza.

Hoy he vuelto
al mismo sitio de siempre por primera vez.
Allí alguien me ha dicho:
para ser feliz solo hay que querer serlo. Y yo te quiero como si no existiera otra opción,
así que imagínate lo feliz que soy.

Elvira Sastre (via quimicaperdida)
hachedesilencio:

Elvira Sastre

hachedesilencio:

Elvira Sastre

Mi vida también fue una mancha negra en un lienzo blanco -pero entonces alguien me llevó a un museo y me llamó arte-.

Quizá solo se trate de encontrar a quien te sigue mirando cuando tú cierras los ojos.

Elvira Sastre (via quimicaperdida)
Recuérdalo, fue como su el techo de tu habitación se llenara de pronto de nubes y tú y yo, ahí abajo, volando, tan ausentes a todo lo que no fueran nuestras alas. Acuérdate de cómo el mundo, por fin, se convertía en una mentira y nosotros éramos la única verdad. De cómo nos besábamos, como si tuviéramos toda la vida para hacerlo, como si supiéramos con total certeza que el último beso sería como el final de las canciones y no llegaría jamás, como si besándonos consiguiéramos quedarnos allí, juntos. Acuérdate de cómo vencimos al sol bailándonos, estallando todas las letras del abecedario, las ocho notas de la escala, de cómo entre gemido y gemido, te llené la lengua de palabras en el viento, de cómo entre gemido y gemido me llenaste el vientre de canciones bajo la lluvia. Acuérdate, recuérdalo, lo difícil no es olvidarte, es querer hacerlo. Lo fácil no es recordarte, escribirte, imaginarte, soñarte. Lo fácil son estas ganas de querer volver a tenerte. Por eso tienes que acordarte, y recordarlo, y no olvidarlo, y pensar que una noche fuimos tan libres que se nos quedaron los labios salados y los ojos empañados como si lloviera hacia arriba y se nos despeinara el pelo y cerráramos el paraguas para ahogarnos -no habrá mejor tormenta que la que sucedió en mis ojos cuando te besé por primera vez-. Como si querernos fuera como nada en el océano: algo tan inmenso como imposible. Por eso, acuérdate, recuérdalo. Porque recordarnos es lo único que podemos hacernos.
Elvira Sastre (via veroluviano)
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theafflictedraven:

43 Maneras de soltarse el pelo - Elvira Sastre